EN ASAMBLEA

Los números se reunieron en asamblea. No todos llegaron al mismo tiempo: el 8 fue el primero, llegó rodando; el 7 fue el último, es que se había olvidado su bastón en casa.

Pero allí estaban. La convocatoria había corrido a cargo del 0, que ya no podía más. Se estaba volviendo loco en el vaivén de su desesperación cuando estaba solo y de su euforia descontrolada cuando le precedía el 1. Claro, es que hay una gran diferencia entre el 1 y el 10.

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EN POSITIVO

Tiempo estamos teniendo, no lo vamos a negar. Más del que imaginábamos, porque ¿alguien pensaba que seguiríamos todavía encerrados en casa después de todas estas semanas?

Y en ese tiempo, a algunos nos ha dado tiempo a empezar super-motivados a hacer rutinas de ejercicios en casa… y a abandonarlas. Nos ha dado tiempo a desesperarnos, a cultivar la calma y la esperanza, a volver a desesperarnos… y vuelta a empezar.

Yo, además, he tenido etapas de exposición voluntaria a sobre-información sobre el virus y rachas de “no quiero saber nada, ¡dejadme!”. Y teletrabajo, de eso bastante también.

Así que bueno, no nos estamos aburriendo, nosotros y nuestras cabezas, ¿no? Hablo, claro, desde la livianidad de una familia y un entorno sin contagiados.

El caso es que oscilo entre la gratitud del tiempo para bajar el ritmo y la sensación de que el mundo tal y como lo conocíamos se nos hunde. Así, sin puntos medios, esa soy yo.

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ACTITUD

Todos (quien más, quien menos), vamos acumulando nudos en estas semanas. Están los nudos que nos vienen de fuera: la realidad que nos pega bofetadas a golpe de noticiero un día sí y otro también, como una pesadilla que se nos alarga de 15 en 15 días. Y están los nudos de dentro, tensados inevitablemente por la falta de movimiento y aire fresco.

El caso es que mientras le damos vueltas a lo que será de todos nuestros nudos cuando volvamos a la normalidad (volveremos a la normalidad), no se me ocurre a ratos otra cosa que tener actitud:

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SER MUJER

Soy mujer. Me sé una mujer afortunada: tengo el mismo sueldo que mis compañeros hombres, tuve las mismas condiciones que ellos para acceder a mi trabajo, se me respeta y se me valora igual que a ellos. No se me discrimina si necesito un permiso de maternidad. Y todo eso no me debería hacer sentir afortunada, debería ser lo normal en todos los casos. Hoy, en las reivindicaciones del 8 de marzo, y todos los días del año.

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EL HOMBRE DEL TIEMPO

Hemos estado revisando en casa en los últimos días vídeos y fotos de los niños, de cuando eran mucho más niños aún. Y claro, tenía que pasar: los he sorprendido diciendo cosas como “mamá, qué joven estabas”, y me he sorprendido pensando “qué pequeñajos, pero sí parece que fue ayer”.

En uno de los vídeos, mi mayor canta con media lengua y escenifica con el cuerpo entero una de las canciones de su infancia más tierna. Es la canción del hombre del tiempo, y que lloverá, lloverá, lloverá… y yo veré, y yo veré, y yo veré… las gotas caer. Esa.

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