SAN JUAN

Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, porque a ver quién es la guapa que se pone al lado de Machado, pero en mi infancia sí hay un patio (cordobés) y en ese patio el día de San Juan marcaba el principio del verano.

En el día de San Juan de mi infancia no había meigas, ni mar, ni hogueras. Sí muchas macetas, y espíritu de celebración. Mi abuelo Juan sabía cómo festejar, vaya que sí. No se le escapaba un día de San Juan en el patio, ni se olvidaba de darnos un dinerito si le enseñábamos las notas de final de curso.

El día de hoy era el principio del verano, definitivamente lo era. Y aunque ese verano se pareciera poco al que voy a enseñar, ¿hay sello más veraniego que este?

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EN ASAMBLEA

Los números se reunieron en asamblea. No todos llegaron al mismo tiempo: el 8 fue el primero, llegó rodando; el 7 fue el último, es que se había olvidado su bastón en casa.

Pero allí estaban. La convocatoria había corrido a cargo del 0, que ya no podía más. Se estaba volviendo loco en el vaivén de su desesperación cuando estaba solo y de su euforia descontrolada cuando le precedía el 1. Claro, es que hay una gran diferencia entre el 1 y el 10.

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EN POSITIVO

Tiempo estamos teniendo, no lo vamos a negar. Más del que imaginábamos, porque ¿alguien pensaba que seguiríamos todavía encerrados en casa después de todas estas semanas?

Y en ese tiempo, a algunos nos ha dado tiempo a empezar super-motivados a hacer rutinas de ejercicios en casa… y a abandonarlas. Nos ha dado tiempo a desesperarnos, a cultivar la calma y la esperanza, a volver a desesperarnos… y vuelta a empezar.

Yo, además, he tenido etapas de exposición voluntaria a sobre-información sobre el virus y rachas de “no quiero saber nada, ¡dejadme!”. Y teletrabajo, de eso bastante también.

Así que bueno, no nos estamos aburriendo, nosotros y nuestras cabezas, ¿no? Hablo, claro, desde la livianidad de una familia y un entorno sin contagiados.

El caso es que oscilo entre la gratitud del tiempo para bajar el ritmo y la sensación de que el mundo tal y como lo conocíamos se nos hunde. Así, sin puntos medios, esa soy yo.

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ACTITUD

Todos (quien más, quien menos), vamos acumulando nudos en estas semanas. Están los nudos que nos vienen de fuera: la realidad que nos pega bofetadas a golpe de noticiero un día sí y otro también, como una pesadilla que se nos alarga de 15 en 15 días. Y están los nudos de dentro, tensados inevitablemente por la falta de movimiento y aire fresco.

El caso es que mientras le damos vueltas a lo que será de todos nuestros nudos cuando volvamos a la normalidad (volveremos a la normalidad), no se me ocurre a ratos otra cosa que tener actitud:

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SER MUJER

Soy mujer. Me sé una mujer afortunada: tengo el mismo sueldo que mis compañeros hombres, tuve las mismas condiciones que ellos para acceder a mi trabajo, se me respeta y se me valora igual que a ellos. No se me discrimina si necesito un permiso de maternidad. Y todo eso no me debería hacer sentir afortunada, debería ser lo normal en todos los casos. Hoy, en las reivindicaciones del 8 de marzo, y todos los días del año.

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