VALIENTE

Escuchaba esta mañana en la radio el testimonio de una mujer ucraniana que acaba de escapar del horror con su hija de 7 años (aunque el horror lo sigue llevando encima, irremediablemente). Decía esa mujer que mientras su hija y ella estaban en el refugio de la casa de unos vecinos, su hija fue muy valiente.

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QUINCE NOMBRES

Yo al miedo le tengo miedo, no es la primera vez que lo digo.

No leo mucho de tirón estos días, pero sí a trocitos cortos. Y esta mañana he leído esto:

Algunas emociones acaban siendo una parte tan importante de cómo experimentamos el mundo, que identificamos cada una de sus sutiles variaciones y les damos nombre. En Occidente, durante los últimos diez años, hemos nombrado muchos tipos de ira. Para los Pintupi, cuyo hogar son los desiertos del oeste de Australia, existen quince tipos diferentes de miedo. Ngulu, por ejemplo, es el pavor que sientes cuando crees que otra persona persigue la venganza; kamarrarringu es la situación tensa y gélida que sientes cuando notas que alguien se está acercando sigilosamente a ti; kanarunvtju es el terror a los malos espíritus que vienen por la noche, tan penetrante que no te deja dormir; y nginyiwarrarringu es un espasmo repentino de alarma que provoca que la persona se ponga en pie de un salto y mire a su alrededor, intentando descubrir qué lo causó.

«Atlas de las emociones humanas» (Ed. Blackie Books)

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BARQUITOS Y AVIONES DE PAPEL

Mi hija salió del cole hace unos días diciendo que esa mañana había hecho barquitos de papel para toda la clase.

Dejemos al margen la conveniencia o no de hacer barquitos de papel mil… en clase. Yo con lo que me quedé es con lo que me dijo justo después: «mamá, tú me enseñaste a hacerlos hace años».

Y sí, es lo único de papiroflexia en lo que puedo lucirme, y suelo sacarle partido a mi limitada pero honrosa destreza (las servilletas de los bares van genial para eso, pero eso era cuando íbamos a bares).

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