PARQUES DE ATRACCIONES

Nunca me han gustado los parques de atracciones. Me dan miedo y ya sabéis que a mí el miedo me da miedo. Pues resulta que la vida es un parque de atracciones.

Nunca he ido al circo, me produce tristeza solo pensarlo. Pues también resulta que la vida es un circo, y eres expuesto, observado, calificado y etiquetado. Sin vuelta atrás y sin fecha de caducidad.

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BICHOS

Casi todo el mundo los odia pero ahí están siempre: los bichos.

Solo hace falta que entre cualquier bicho por la ventana para que una clase se te revolucione entera. Y suele ser todo un show con orden casi idéntico siempre: preguntar si hay algún alérgico a las picaduras en el aula y apremiarle a salir pitando por la puerta, calmar los gritos generalizados y comprobar cómo el valiente o la valiente de turno se arma de lo más insospechado para salvar la situación. Sí, suele ser una libreta o un libro de Inglés (no les culpo, es lo que tienen más a mano en ese momento, y para algo realmente útil tienen que servir).

Una vez superada la crisis, se invita a entrar a los que estaban fuera, se aplaude al héroe o a la heroína, se comprueba el estado del material escolar usado como arma destructiva o disuasoria y se tarda una media de cinco minutos más en volver a la normalidad.

La vida, con sus sorpresas y sus rutinas.

Pero luego, ves una abeja en un adorno y piensas «ohhhh, qué cuqui».

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SEGUIR VIVIENDO, QUE NO ES POCO

Mis incursiones al exterior en la última semana se han limitado a salidas de emergencia, máximo 20 minutos al día. Es lo que tiene convivir con el virus en casa, pero no pillarlo (aún).

El rastreador que me llamó el otro día me dijo que mi vida puede ser completamente normal, y para mí lo completamente normal es poder quedarme en casa con mi hija. Nuestra suerte es que todo esto está pasando justo un mes antes de que ella cumpla la edad de «la dejas sola con COVID en casa». No, la morena no iba a ser distinta dentro de un mes. Seguiría poniéndome ojitos (ojazos, en su caso) de «mamá, necesito mimos» y me seguiría diciendo que está muy floja y no le deja de doler la cabeza un día tras otro.

Así que aquí estamos, en casita. Donde hay quien piensa que debería estar siempre. Enhorabuena, siguen ganando los buenos.

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ROCK & ROLL

Yo sé que igual exagero. Tal vez no sea suficiente con que a ella le gusten los unicornios y las llamas y con que me pidiera para su boda crear temática «llamacornio flamenco» (aquí).

A lo mejor ya ricé el rizo el año pasado cuando le hice para su cumpleaños un bordado «no drama llama» (aquí).

Pero es que yo veo una llama o un unicornio y pienso en ella, que es natural y entrañable, flexible y divertida. Disfrutona y cariñosa.

Y si en su cumple del año pasado tocó rizar el rizo con la llama, este año toca…

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TAG HIPER ROSA

Un tag al mes. Eso es lo que me contó una amiga: «Rosa, es un tag al mes». Y yo pensé… vale, un tag MÁS al mes, porque no nos vamos a sorprender ahora de que yo venga por aquí con un tag.

El caso es que en enero piden «invierno rosa». No había mayúscula en la R, así que os ahorro una foto mía (de nada), y me pongo pastelosa sin mesura:

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TAG ZEN

Lo tengo claro: cuando la ansiedad me gana, cuando tengo una «to-do list» demasiado larga y no sé por dónde empezar porque tengo la cabeza y el corazón en todos sitios y en ninguno, hago un tag.

Otros chupan candados o abrazan farolas. Yo hago un tag, porque es un formato que me resulta fácil de «rellenar» y el proceso me ocupa mente y manos durante un breve periodo de tiempo con un resultado inmediato. Me evade y, a veces, con un poco de suerte, me activa y me centra.

Total, todo esto para justificar que he hecho otro tag. Que ya estoy mayorcita para justificarme por todo, pero bueno. Mi tag:

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