HERMANDAD, PUNTADA A PUNTADA

Mi abuela tuvo durante unos años una tienda. Vendía un poco de todo, como en casi todas las tiendas de entonces.

Cuando cogí por primera vez la aguja de bordar este verano, llegaron también a mí unas cajitas llenas de sedas de bordar, que así las llamaba ella. Ya se sabe que en todas las tiendas hay al final exceso de stock.

Bueno, el caso es que bordo a ratos y estoy muy contenta de haber acabado el proyecto “Sisterhood”:

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