EN ASAMBLEA

Los números se reunieron en asamblea. No todos llegaron al mismo tiempo: el 8 fue el primero, llegó rodando; el 7 fue el último, es que se había olvidado su bastón en casa.

Pero allí estaban. La convocatoria había corrido a cargo del 0, que ya no podía más. Se estaba volviendo loco en el vaivén de su desesperación cuando estaba solo y de su euforia descontrolada cuando le precedía el 1. Claro, es que hay una gran diferencia entre el 1 y el 10.

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EN POSITIVO

Tiempo estamos teniendo, no lo vamos a negar. Más del que imaginábamos, porque ¿alguien pensaba que seguiríamos todavía encerrados en casa después de todas estas semanas?

Y en ese tiempo, a algunos nos ha dado tiempo a empezar super-motivados a hacer rutinas de ejercicios en casa… y a abandonarlas. Nos ha dado tiempo a desesperarnos, a cultivar la calma y la esperanza, a volver a desesperarnos… y vuelta a empezar.

Yo, además, he tenido etapas de exposición voluntaria a sobre-información sobre el virus y rachas de “no quiero saber nada, ¡dejadme!”. Y teletrabajo, de eso bastante también.

Así que bueno, no nos estamos aburriendo, nosotros y nuestras cabezas, ¿no? Hablo, claro, desde la livianidad de una familia y un entorno sin contagiados.

El caso es que oscilo entre la gratitud del tiempo para bajar el ritmo y la sensación de que el mundo tal y como lo conocíamos se nos hunde. Así, sin puntos medios, esa soy yo.

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INTERMEZZO

Escuchaba ayer a Albert Espinosa hablar de una manera de gestionar este parón y este caos que tenemos encima.

Hablaba justo de su padre hospitalario, un señor muy mayor italiano que les decía que cada año hay que parar el mundo una vez: salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Estar durante un tiempo fuera del mundo, escuchando buena música, leyendo buenos libros.

Haciendo eso, cuando volvieses, el universo te premiaba, porque los que mueven el mundo son los que lo paran.

Estamos indudablemente de parón, y yo lo he interpretado así:

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ACTITUD

Todos (quien más, quien menos), vamos acumulando nudos en estas semanas. Están los nudos que nos vienen de fuera: la realidad que nos pega bofetadas a golpe de noticiero un día sí y otro también, como una pesadilla que se nos alarga de 15 en 15 días. Y están los nudos de dentro, tensados inevitablemente por la falta de movimiento y aire fresco.

El caso es que mientras le damos vueltas a lo que será de todos nuestros nudos cuando volvamos a la normalidad (volveremos a la normalidad), no se me ocurre a ratos otra cosa que tener actitud:

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