ADOLESCENCIA

Mi chica ya no es tan chiquitilla. Le crecen los brazos y las piernas, elige tener el pelo largo y no ponerse faldas. Elige, esa es la palabra. Y lo hace básicamente porque va forjando su personalidad.

Pero le entran las dudas, como a toda buena adolescente recién estrenada. Sigue buscándome y requiriéndome, mirándome desde lejos y desde cerca (según el rato).

Empieza a juzgarme y a decir «tú no entiendes», pero corre a mí para que la proteja. Es eso, una adolescente recién salida del horno con una marabunta de posibilidades e inseguridades a sus pies.

Y con todo eso ¿qué hacemos? Pues claro, una tarjeta:

Me toca a mí, como madre, transmitirle seguridad cuando no la tiene, desesperarme cuando se pone desesperante, respirar… y volver a empezar. No soy mejor madre que nadie, yo creo que esto va en el contrato de la paternidad/maternidad, aunque ninguno sabemos lo que firmamos cuando llegan a este mundo.

Mi chica no es ya tan chiquitilla pero es maravillosa, y si necesita una tarjeta para saberlo en un final de curso agotador para ella y lleno de nuevas sensaciones… aquí está la tarjeta.

PD. Si la conoces, sabes que no es amor de madre. Si no la conoces, qué pena que te pierdas su profunda mirada y su rabiosa belleza (por fuera y por dentro).

PD2. Bueno, vale. Soy su madre, ¿qué voy a decir de ella?