AMOR DEL BUENO

Quiero pensar que amor del bueno es encontrarse a una desconocida en el portal de tu casa en plena tormenta primaveral y acompañarla con un paraguas a su coche. ¿Por qué? Pues porque por una vez que vas sin prisa, qué trabajo cuesta. La desconocida, al despedirse, te dice: «si nos volvemos a ver en algún sitio, me llamo Conchi».

Quiero pensar también que amor del bueno es vacilarle a tu amigo, que ha recaído en un cáncer que esta vez también va a superar. Resulta que el amigo en cuestión es bien guapo y nunca está de más avisarle de que cuidadito con los paseos por la planta del hospital.

Amor del bueno debe de ser también pasear calle arriba y calle abajo con otro amigo convaleciente. El corazón, que hay gente que lo tiene tan precioso que de un día para otro le peta.

Amor del bueno quiero que sea el abrazo a una alumna que ha perdido en accidente de tráfico a un amigo hace unos días. Y el guiño a otra alumna cuyos padres se acaban de separar. También oír la tos de mi hijo «Covid» desde su dormitorio y decirle que echo de menos sus abrazos. Y darme mimos a mi hija, que está mimosa.

Y sí, amor del bueno también es un simple «hey, ¿cómo va el día?». Todos los días. Tiene que serlo.

Porque si nos quedamos sin esos detalles, ¿qué nos queda?