CUESTIÓN DE VOLUNTAD… Y SUERTE

Más de una vez he hablado por aquí del valor de lo simple.

Y si nos paramos a pensar en lo simple que es coger un trozo de papel, escribir unas palabras, introducir ese papel en un sobre, añadir dirección, comprar un sello y depositar el conjunto final en un buzón, podría ser eso: simple.

Pero… no. Primero porque no lo hacemos. ¿Cuántos de vosotros recibís cartas en vuestro buzón? (Y no, no valen notificaciones de bancos ni publicidad, que a mí no me la coláis).

Mi hijo creo que no ha recibido una sola carta en su vida. Mi hija, tal vez dos. Qué pena.

Ahora ya, virando al lado burocrático de la vida… lo de Correos y su funcionamiento cambiaría por completo el tono de esta entrada bucólica. Yo lo sé, que sí mando cartas. Así que vamos a obviar ciertos aspectos y vamos a reconducir por donde íbamos. (Rosa, respira hondo).

Eh, tú. ¿Me lees? Pues ponte las pilas y escribe una carta. A quien menos se lo espere y a quien más te apetezca.

Envíala. Con suerte (si Correos quiere), llegará. Pero tú habrás vivido ese momento, y será un bonito regalo.