GRULLAS

Vive. Y si la vida aprieta, sigue viviendo.

Si no hay puertas ni ventanas, habrá rendijas. Y buenos deseos desde el corazón.

Yo soy ahora más consciente que nunca del doble sentido de las puertas y ventanas. También de las rendijas (ay, Lanun, no hay día ni rato que no piense en ti, perro precioso).

Pero tenemos grullas, que son deseo de salud y bienestar. Se regalan en momentos dulces y cuando algo va mal. También cuando quieres decirle a alguien que es importante para ti.

Otra cosa no, pero los japoneses son la mar de versátiles. Lo abarcan todo.

O al menos, todo lo importante. Olé ellos.

¿Qué os parece si nos agarramos a nuestras certezas? Para seguir viviendo, entre tanto ruido.

Y que las grullas nos acompañen bonito. Porque merecemos la pena. Todos.

No quiero ni una falta de asistencia, que soy una profe implacable.