SER «MAMÁ»

Mi hijo, el monito saltarín, es ya más alto que yo y me abraza echándome los brazos por encima de los hombros. Me toca ahora a mí, pues, apoyar mi cabeza en su hombro.

Pero hace unos días estuvo malucho. Nada importante. Y sentí que aún me necesita.

El hombre en el que se está convirtiendo va a hacer de este mundo un lugar mejor. O eso quiero creer.

Y digo esto mientras el mundo se sigue volviendo loco. Y yo con él.