BICHOS

Casi todo el mundo los odia pero ahí están siempre: los bichos.

Solo hace falta que entre cualquier bicho por la ventana para que una clase se te revolucione entera. Y suele ser todo un show con orden casi idéntico siempre: preguntar si hay algún alérgico a las picaduras en el aula y apremiarle a salir pitando por la puerta, calmar los gritos generalizados y comprobar cómo el valiente o la valiente de turno se arma de lo más insospechado para salvar la situación. Sí, suele ser una libreta o un libro de Inglés (no les culpo, es lo que tienen más a mano en ese momento, y para algo realmente útil tienen que servir).

Una vez superada la crisis, se invita a entrar a los que estaban fuera, se aplaude al héroe o a la heroína, se comprueba el estado del material escolar usado como arma destructiva o disuasoria y se tarda una media de cinco minutos más en volver a la normalidad.

La vida, con sus sorpresas y sus rutinas.

Pero luego, ves una abeja en un adorno y piensas «ohhhh, qué cuqui».

Pues eso, la vida. Que además de sorpresas y rutinas, también está llena de contradicciones.

O si no, ¿quién no ha dicho alguna vez a alguien «eres un bicho» con ternura?