TENER EDAD

Ya no tienen edad.

No tienen edad de trepar por mis piernas, de lloriquear para llamar mi atención, de responder a mis estímulos con una risa y baba.

Pero sí.

Sí siguen teniendo edad de necesitarme.

Para contarme con el ceño fruncido una mala nota en el examen de francés, para pedir un abrazo sin pedirlo, para que les diga que son responsables de sus actos y sus decisiones pero que yo siempre los voy a querer.

Y si apuramos, me siguen necesitando para un «sana, sana, culito de rana» que según ellos, les cura. Lo dicen, claro, con sonrisa picarona. Pero lo dicen.

Etapa actual: adolescencia.

Y sumamos y seguimos… necesitándonos.