SER MAR

Ella tenía entre sus cabellos todas las olas del mar.

En los días que había marejada, le resultaba difícil que su ancla no se perdiera entre las olas.

Otras veces amainaba el viento y sentía que sus cabellos volvían a ser suyos. Y su barquito, y su ancla. Toda ella.

Es lo que tiene ser mar, que hay que estar preparado para todo.