HERMANDAD, PUNTADA A PUNTADA

Mi abuela tuvo durante unos años una tienda. Vendía un poco de todo, como en casi todas las tiendas de entonces.

Cuando cogí por primera vez la aguja de bordar este verano, llegaron también a mí unas cajitas llenas de sedas de bordar, que así las llamaba ella. Ya se sabe que en todas las tiendas hay al final exceso de stock.

Bueno, el caso es que bordo a ratos y estoy muy contenta de haber acabado el proyecto “Sisterhood”:

El concepto de hermandad era algo muy de mujeres en la época de mi abuela. Las mujeres, en clara desventaja de derechos frente a los hombres, tenían que unirse para poder llegar a todo.

Hermandad es algo que necesitamos mucho también hoy día, dejando a un lado prejuicios de todo tipo.

En un mundo que cada vez se nos hace más grande, pero que de pronto nos está cerrando casi todas las puertas y algunas ventanas, yo he encontrado sosiego en imaginarme la historia de cada una de estas mujeres puntada a puntada.

No es un bordado perfecto, pero ¿qué lo es?

6 pensamientos en “HERMANDAD, PUNTADA A PUNTADA

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