AMOR DEL BUENO

Quiero pensar que amor del bueno es encontrarse a una desconocida en el portal de tu casa en plena tormenta primaveral y acompañarla con un paraguas a su coche. ¿Por qué? Pues porque por una vez que vas sin prisa, qué trabajo cuesta. La desconocida, al despedirse, te dice: «si nos volvemos a ver en algún sitio, me llamo Conchi».

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CUESTIÓN DE VOLUNTAD… Y SUERTE

Más de una vez he hablado por aquí del valor de lo simple.

Y si nos paramos a pensar en lo simple que es coger un trozo de papel, escribir unas palabras, introducir ese papel en un sobre, añadir dirección, comprar un sello y depositar el conjunto final en un buzón, podría ser eso: simple.

Pero… no. Primero porque no lo hacemos. ¿Cuántos de vosotros recibís cartas en vuestro buzón? (Y no, no valen notificaciones de bancos ni publicidad, que a mí no me la coláis).

Mi hijo creo que no ha recibido una sola carta en su vida. Mi hija, tal vez dos. Qué pena.

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